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Como os conté en el post anterior, he pasado unos días en Méjico DF. Ha sido un viaje muy corto pero muy bien aprovechado. He podido disfrutar de mis amigos y también he podido visitar algunos monumentos.
Ayer fue mi cumpleaños, hizo en Madrid un día fantástico, frío pero muy soleado. Mi familia me despertó con un encantador desayuno, un cafe con leche y una tostada. Mi hijo me tocó el cumpleaños feliz con su guitarra y mi hija me escribió una carta que me hizo llorar de la emoción. No pude tener un mejor comienzo de día.
Me encanta pasear por Madrid y más aun cuando se acercan las Navidades, el centro se pone con un ambientazo increíble, mucha gente, familias con niños para ver todos los adornos navideños. Fuimos a la Plaza Mayor a pasear y luego nos reunimos con mi familia para comer.
Ubicado dentro del distrito de Kensington y Chelsea, se encuentra Holland Park, un precioso parque de 22 hectáreas.
Cuenta con un hermoso jardín japonés, y dos galerías de arte que acompañan perfectamente la belleza del parque. Es uno de los sitios más bonitos que he visto dentro de una ciudad, sobre todo porque no te esperas sus zonas de bosque salvaje y sus jardines.
Si queréis empaparos de naturaleza no dudéis en conocer este bello lugar.
Las ardillas están muy acostumbradas a la gente y se acercan para que las des de comer. Pero tengo que decir que son mucho más bonitas las de aquí “rojitas y más pequeñitas”.
De ahí nos fuimos al barrio de Notting Hill, en la parte oeste de la cuidad. Ahí se ubica el mercadillo de Portobello, aunque abren diariamente, su día fuerte es el sábado.
Este distrito saltó a la fama internacional en 1999. ¿Os acordáis? Fue tras el estreno de la película protagonizada por Julia Roberts y Hugh Grant. Como me gustó y como me reí con el extravagante compañero de piso del protagonista.
Me encantan todas las casitas parecidas, pintadas en colores pastel.
Y los puestos de flores…
En el mercadillo puedes encontrar de todo, antigüedades, ropa, complementos… Yo me compré unas botas de agua preciosas, ese ha sido mi capricho durante el viaje.
Ya las he podido estrenar porque cuando llegué ¡diluviaba en Madrid!
La semana pasada estuve tres días en Londres. Fuí a ver a mi amiga Alicia y a su familia, que están viviendo allí desde hace un tiempo. Ha sido un viaje donde hemos visto muchas cosas, pero sobre todo he disfrutado de su pequeña familia.
No olvidaré mis ratos con Martina, una niña que tiene la capacidad de llenar los espacios, ni a Matteo un niño de lo más tierno y cariñoso. He sido la “tía Marián” más feliz del mundo durante estos días.
Como nos gusta disfrutar mucho de los niños, hemos realizado nuestras escapadas aprovechando las horas de cole y hemos salido a cenar, cuando los peques se habían dormido… Ali vive en un precioso piso en el distrito de Kensington y Chelsea , una zona residencial tranquila y familiar plagada de casitas típicas inglesas que me encantan.
Lo que más me gusta de Londres, es que es una ciudad que se disfruta mucho paseando (si no llueve demasiado).
Hicimos una parada en el Whole Foods Market, que está en Kensington High Street, porque me dijo Ali que allí podíamos comprar el mejor tiramisú de todo Londres. A mí me encanta y la verdad es que estaba increíble…
Por la noche salimos a cenar a un restaurante francés maravilloso llamado LA POULE AU POT.
He rescatado unas fotos de su web para que veáis que sitio tan especial, donde además cenamos de maravilla.
Os seguiré contando mi viaje en el siguiente post. Mientras os dejo con esta foto para
comenzar la semana con optimismo.
No sé si recordáis el viaje que realicé antes de verano donde visité la exposición Monacatus de Las Edades del Hombre y la zona de la Ribera del Duero. Pues bien, me quedó una parte del viaje que no os conté porque no quería que fuera demasiado intenso…
Ahora que ha pasado un poco de tiempo os propongo contaros el tercer día del viaje. Y el día comienza en el Hotel Abadía de Retuerta Le Domaine, un hotel de cinco estrellas ubicado en un monasterio del siglo XII rodeado de viñas.
No sé qué me pasa en los monasterios que despiertan en mí una actitud de recogimiento interior y me transmiten mucha paz y serenidad. Y lo que más me gusta es disfrutar del silencio interrumpido solamente por los sonidos de la naturaleza.
Abrir un ventanal de la confortable y cálida habitación y ver como el cielo de Castilla se confunde con el verde intenso de las viñas respirando aire puro, es la sensación que experimenté nada más levantarme en este lugar ubicado en una abadía al este de Valladolid.
El desayuno fue en el antiguo refectorio convertido en restaurante.
El claustro se mantiene vivo con el mismo encanto de la época.
La iglesia ahora se dedica a eventos especiales
Si el interior de la Abadía te deja sin palabras de lo hermosa que es, el exterior no deja indiferente a nadie tampoco.
De la historia a la naturaleza hay sólo un paso. Saliendo de la abadía podemos ver las cepas alineadas. El centro neurálgico de la producción es la bodega con una sala de envejecimiento excavada en la montaña donde caben casi 5000 barricas apiladas.
La joya de la corona es su vino tinto Abadía Retuerta Selección especial.
Allí puedes hacer muchas actividades, vuelo en helicóptero, avioneta o globo sobre el Valle del Duero… También senderismo o ciclismo.
Me pierde la naturaleza, el campo, la tierra, el sol, hace que me sienta viva saber de dónde vengo… bueno ya me vais conociendo un poquito más.